domingo, octubre 4

EN EL SILENCIO


En el silencio de un cuarto compartido
Quiero entregarle mi amor a tu destino
Llegar a tu cuerpo que me espera anhelante
y volar sin prisa, suavemente a tu delirio.
Mira mis ropas caer al suelo lentamente
una a una al sonar de un vals antiguo
Quedo desnuda a tu mirar enardecido
Quiero robar tus deseos, tu alma, tu destino,
y en un susurro perdidos en el lecho
recorre con tus manos el camino hacia mis pechos
Descubre uno a uno mis paisajes,
Deja tus besos en mi piel como tatuajes
piérdete en mis fuegos, en mis gritos, mis silencios
Hazme en un minuto detener el tiempo.
Baja por mi vientre hasta mis piernas con un beso
Un beso que me queme, que me duela, que lacere
Que me absorba en tu boca, que me hiere
Que haga en un segundo todo un universo.
Entra en mí como aguacero en el desierto
Rompe, destruye, mata
Mis temores más internos
Tómame, vénceme, ábreme
a tu pasión, goce, placer, tormento.
Sé sol, nube, espina, fuego
Sé lo que debas,
Lo que tengas,
hasta ese instante supremo
Que perdidos, encontrados, sumergidos
En mis entrañas dejes tu explosión de sentimientos.
Y luego que parezca que morimos
En el hermoso amanecer compartido
Déjame renacer de nuevo en cada beso
En tu cuerpo que me llama en un gemido.

2 comentarios:

  1. Maese Nicolás12/10/09 20:37

    EN EL SILENCIO DE MI RINCÓN

    En el silencio inquieto de mi rincón,
    donde sólo se vive la soledad,
    se anidan los deseos de una verdad
    en abstracción constante de reflexión.

    En la misma soledad de otro rincón
    que en abandono lento siente la paz,
    laten bellos anhelos en su solaz
    con otra bien lograda meditación.

    Sensación augusta de sentimientos,
    advertida llamada del corazón,
    por inquieta añoranza de la razón

    uniendo este gozo de entendimientos.
    Feliz soledad la de los momentos
    en que los dos gozamos esta ilusión.
    Félix Abad Sánchez

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  2. En silencio…

    Aunque nunca mi cariño
    tenga el precio de tus besos;
    aunque nunca mis palabras
    repercutan en tu pecho,
    yo lo mismo he de quererte,
    con el mismo sentimiento,
    como quieren los que sufren...
    En silencio.

    Porque te llevo en el alma
    como si fueras un sueño,
    como si todo lo tuyo
    se adormeciera en mi pecho.
    Benditas sean las horas
    que a solas con tu recuerdo,
    por doquier miro, te veo;
    y ese viajero incansable
    que se llama pensamiento,
    que te sigue a todas partes
    para colmarte de besos;
    porque tu me has enseñado
    a quererte desde lejos,
    con los ojos, con el alma,
    sin palabras, en silencio.
    Félix Abad Sánchez

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