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jueves, junio 2

PRIMER BESO

En mi pubertad aprecié
el encanto del primer beso
con que turbación lo viví
un suspiro escapó de mi pecho.
En mi sensible e ingenua inexperiencia percibí el excelente sortilegio del primer beso.
Joaquín y yo, solos en la galería de mi casa, en un despejado anochecer resplandeciendo las primeras estrellas, con todo el encanto de su luz y la cara satisfecha de la luna compinche de los enamorados,
Se unieron por primera vez nuestras bocas.
Fue un beso secreto, íntegro, cálido, auténtico y dúctil como el roce de una pluma.
Se perturbó el compás de mi corazón y pareció escaparse de mi pecho, era tanta el desconcierto y el deleite que sentí, que ese instante quedó impreso en lo más recóndito de mí ser para no olvidarlo en la vida.
Después de ese, vinieron incontables más, y cada uno lo fuimos viviendo con alianza de nuestra unión, pero eternamente suaves, cristalinos, repletos de un sencillo amor que nos hizo vivir muchos años unidos en felicidad hasta su partida.
El hechizo de ese primer beso, tan lleno de magia, que ilumina mil sueños y tonalidades de mil sensaciones, creo yo ninguna mujer lograría borrar de la memoria.
Yo todavía lo recuerdo.