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miércoles, noviembre 24

25 DE NOVIEMBRE


Tiene un color violáceo,
oscuro, con bordes rojos
y una aureola amarilla
circundando el daño:
es la marca del agravio,
grabada con llanto en su brazo,
aunque la herida más honda
no es visible a los ojos.
El golpe fue breve, un instante,
pero la humillación de años
fue derramando sus gotas
de forma lenta y constante.
Ese miedo que le cala
hasta el tuétano los huesos
no se quita, no se aparta,
queda en cada pisada,
en cada noche o mañana,
en cada recuerdo imborrable
que la sigue a todas partes.
Él se ha ido de su lado,
detenido, por la fuerza,
pero ya de ella no queda
nada que su sombra no tenga.