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sábado, abril 10

QUERIDO CHESPIRITO (ANTONIO)


Querido Chespirito:
Me llamo Antonio y soy de Churriana de la Vega, un pueblo de la provincia de Granada, en España.
Te escribo para darte las gracias por todo.
Quiero contarte mi historia para que sepas lo que has significado para mí, tú y todo tu elenco.
Nací el 4 de agosto de 1975, con la falta de uno de los cinco sentidos, la vista. Soy ciego de nacimiento.
Cuando tenía seis años, el mundo no estaba tan avanzado como para que un ciego pudiera estudiar en un colegio normal, cosa que, afortunadamente, hoy sí sucede. Mis padres me internaron en un colegio de la Organización Nacional de Ciegos Españoles (ONCE).
Allí estuve ocho años; sólo venía a casa en vacaciones de Navidad, Semana Santa y verano.
Entre los seis y los trece años estudié lo que entonces se llamaba Educación General Básica (E.G.B.), es decir, lo equivalente a lo que allá sería Primaria y Secundaria.
En 1989, los avances técnicos ya permitían que un muchacho ciego pudiese estudiar en su propio pueblo, en el mismo colegio de sus amigos y sin separarse de su familia.
Mis padres decidieron entonces traerme a casa para estudiar el Bachillerato. Pero claro: un niño ciego, internado durante ocho años en un colegio donde todos los demás alumnos tenían el mismo problema, no sabía apenas nada del mundo exterior.
Afortunadamente, como dije antes, ya no ocurre así, pues la tecnología y los avances informáticos permiten que las personas ciegas accedan a información y lugares a los que hace apenas 30 años era impensable.
Ya imaginarás lo difícil que fue para mí la integración. La gente adolescente, y más en un pueblo, no sabe reaccionar ante la llegada de un chico ciego a la clase.
Los profesores tampoco estaban habituados a estos casos. Como consecuencia, me costó muchísimo trabajo hacer amigos y desenvolverme en el mundo real, ese mundo exterior que yo había ignorado en mi infancia.
A poco de regresar a mi casa definitivamente, sin nadie con quien contar (exceptuando a mi familia, claro
está) llegó a mi casa a través del vídeo comunitario Galavisión, y con ella, El Chavo, El Chapulín Colorado y el resto de personajes de don Roberto Gómez Bolaños.
Era el único aliciente que tenía desde entonces para olvidar la mala época por la que estaba pasando. Recuerdo que el primer episodio del Chavo que vi fue el de las aguas frescas (primera versión).
Con esto quiero decirte, querido Chespirito, y quiero decirle a usted, señor don Roberto, que muchas gracias por haberme ayudado en esos momentos tan difíciles de mi vida, época de adolescencia y adaptación al mundo real, pues, como tengo dicho, tardé mucho tiempo en encontrar verdaderos amigos entre la gente “vidente”.
Así pues, si este escrito llega a sus manos, muchísimas gracias por todo y que sepa que uno de sus mayores admiradores es ciego y, aun así, ha logrado usted que sus programas me llenen.
Muchas gracias por todo una vez más de su amigo Antonio.
Granada-España