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jueves, noviembre 26

SONETOS (JULIA PRILUTZKY FARNY)



Un día te querré... Un día: ¿cuando?
No lo sé, ni me importa, todavía.
Tan segura de amarte estoy, un día,
que ni anhelo ni busco: voy andando.
Mi mano que la espera va ahuecando,
hoy reposa indolente, blanda y fría.
Un día te querrá... Hoy sólo ansía
encerrase en la tuya, descansando.
Mi amor sabe aguardar. No es impaciente:
su deseo es arroyo, y no torrente
que hacia ti, con certeza, sigue andando.
Y una tarde cualquiera y diferente
me he de dar a tu amor, serenamente.
Un día te amaré: ¿qué importa cuando
(De «Viaje sin partida», 1939
Quiero un amor de todos los instantes
aunque no sea amor para la vida;
quiero un amor con la ansiedad del antes
para después del ansia desmedida.
Quiero la fe de todos los amantes
en este solo amor, ver contenida:
tumulto de horizontes trashumantes
y luego, claridad de agua dormida.
Quiero un amor transfigurado en fuente
de todo florecer: fruto y simiente;
a tal único amor, mi amor sentencio:
aquel de la impaciencia y el latido
y la fiebre y el grito y el gemido
y el difícil momento del silencio.
(De «Viaje sin partida», 1939)
Cómo decir mi corazón dormido
desnudo de dolor, deshabitado;
cómo decir mi corazón guardado
de cualquier avidez, de todo olvido.
Cómo explicar que ya no importa el ruido
cuando el silencio es el mejor llamado,
y cómo revelar lo bien ganado
en este alegre amor de lo perdido.
Cóno decir que el sol está, y es mío;
que el horizonte más allá del río
me destina su espuma perdurable
y una callada urgencia que no afronto.
Cómo decir que soy feliz, de pronto,
feliz de una manera inexorable.
(De «Este sabor de lágrimas», 1954)
Para el amor buscado o el perdido,
para el amor huído o el hallado,
ten la ternura fuerte del osado,
ten la dulce fiereza del caído.
Para el amor invicto o el vencido,
para aquel evadido o retomado,
ten la ausente presencia del llegado
y el silencioso grito del partido.
Así has de estar: tendido y encerrado
—cobarde piel y sangre decidida—,
del mismo modo oculto y entregado,
al mismo tiempo el dardo que la herida.
Y este juego de amor, tan bien jugado,
te llevará las horas. Y la vida.
(De «Este sabor de lágrimas», 1954)